¡NO ESTÁS SOL@! ¡TIENES TODO UN MUNDO EN TU INTERIOR QUE DEPENDE DE TI!

Poco después de escribir mi primer libro en el año 2019, ¡HAZ FELICES A TUS BACTERIAS! Un relato para el bienestar y una larga vida recibí esta frase:

¡Y cuánta razón tiene!

En unos momentos como los que estamos viviendo, que obligan a las personas a mantener “distancias de seguridad” por miedo a un supuesto contagio, se hace más necesario que nunca conocer un poco más la inmensa cantidad de vida que albergamos en nuestro interior y lo importante que es que la mimemos para evitar caer enfermos, y si ya lo estamos, para mejorar de esas dolencias que nos puedan molestar.

Pero para empezar, hablemos un poco de esa vida que nos alberga en nuestro interior.

En un ser vivo hay todo un ecosistema que denominamos microbiota, una comunidad formada por virus, hongos, bacterias y parásitos, que conviven con nuestras células humanas (las denominadas células eucariotas, aquellas que poseen un núcleo en su interior). Una comunidad que vive en simbiosis, o sea, que se relacionan entre estas diferentes especies para un beneficio mutuo. Y cuando en su entorno se produce un desequilibrio, esta microbiota se altera y genera o puede generar todo tipo de problemas de salud.

Esta microbiota conforma lo que se denomina el microbioma, que son el conjunto de genes no humanos que están en nuestro interior. Para tener una referencia, genes propiamente humanos, los que tienen nuestras células eucariotas, tenemos entre 23 y 25 mil. Pero los provenientes de nuestro microbioma son unos 800 mil, que van intercambiando información continuamente unos con otros gracias a nuestros amigos los virus (que no son más que partículas cargadas de información sin vida propia y que se forman dentro de las células y las bacterias como respuesta al entorno en que estas viven).

Por otro lado, estas células humanas, las eucariotas, ya está demostrado que desarrollaron su núcleo gracias a un intercambio de material genético entre una bacteria y una archaea, un tipo de célula muy primitiva,  y eliminaron aquellos genes que ya no eran necesarios. O las mismas mitocondrias, unos orgánulos celulares indispensables para que la célula genere energía, se sabe que son bacterias que penetraron en estas células eucariotas para un beneficio mutuo: la célula le daba protección a la mitocondria y la mitocondria le daba energía a cambio. Por lo tanto, al final, debemos considerar nuestras células y nuestra microbiota como “primas hermanas” y que la naturaleza funciona por cooperación y no por competencia (algo de lo que deberíamos aprender los humanos, y más en estos momentos).

Así, ¿qué es lo que hace que haya una buena relación entre toda esta inmensa vida interior que nos habita? Pues fundamentalmente son tres los apartados a tener en cuenta:

  • Las emociones
  • Los pensamientos
  • Los intestinos

A pesar de que a menudo escuchemos que “somos lo que comemos”, eso no es exactamente así: realmente, SOMOS LO QUE SENTIMOS. Porque por muy bien que comamos, si los nutrientes ingeridos no son bien absorbidos por los intestinos, estos, los nutrientes, no podrán hacer su trabajo. Y los intestinos funcionan bien en relación a cómo sintamos y pensemos. Veamos cómo y por qué.

Las emociones

El primer órgano que se forma en un nuevo ser, gracias a la acción de cooperación del microbioma, es el corazón. Y de este corazón primigenio surgen después un tipo de células pluripotenciales migratorias, o sea, que se originan en el corazón, y por el torrente circulatorio llegan a diversas partes del organismo. Sus funciones son las de dar las órdenes para un adecuado desarrollo del sistema nervioso periférico (el que después se encargará de hacer que nos podamos mover o que seamos capaces de sentir unas caricias o el pinchazo de una aguja), células del sistema endocrino (las hormonas), los melanocitos (las células que nos protegen de los rayos ultravioletas del sol), el tejido conectivo (el más abundante del cuerpo), cartílagos (los tejidos de las articulaciones) y la formación de las venas y arterias del corazón[1]. Además, también son importantes en la actividad del nervio vago, un nervio fundamental en relación a la absorción de los nutrientes, ya que es el nervio que conecta el cerebro con los intestinos (en relación a la actividad de los nervios, hoy día se sabe que esta mejora cuando hay una microbiota abundante y diversa[2]). Un nervio vago que es básico  también para un adecuado funcionamiento del sistema inmune[3]. Y esa relación entre el corazón, los órganos y  los tejidos mencionados se mantiene durante toda la vida.

Otro aspecto a tener en cuenta en relación al corazón, es que actúa como órgano endocrino. Eso significa que secreta hormonas al torrente sanguíneo. En este caso la Hormona Natriurética Auricular. Esta hormona se encarga de controlar los niveles de sodio en sangre. Este oligoelemento, además de otras importantes funciones[4], sirve como “esponja” para las  moléculas de agua. Así, el corazón, a través de esta hormona, decide la cantidad de agua que debe haber dentro del cuerpo humano en cada momento. El agua contiene las sustancias nutritivas y se encarga del control de la temperatura corporal, aspecto este último de gran importancia para una adecuada regulación de los procesos metabólicos y el control de la temperatura corporal.

Y no menos importantes son las 40.000 neuronas que sabemos que se encuentran en el corazón y que tienen una actividad propia independiente del cerebro[5].

Por todas estas razones, todas aquellas emociones que nuestro primigenio corazón empieza a sentir desde el primer momento en que empieza a latir, generarán un patrón de respuestas que afectará a todo lo que acabamos de nombrar.

Los pensamientos

Una relación que hoy en día es ya una evidencia es la que existe entre lo que sentimos primero y lo que pensamos después. Nuestros pensamientos están moldeados por nuestras emociones. Y según las diferentes emociones que hemos ido sintiendo a lo largo de nuestra vida, las relacionamos con los pensamientos que tuvimos en ese momento.

Esa relación entre lo que siento y lo que pienso genera una respuesta orgánica que se puede medir a través de lo que se conoce como Coherencia Cardíaca. Esta coherencia, tal y como la define el Heartmath Institute, “es el estado en que el corazón, la mente y las emociones se encuentran en alineamiento energético y en cooperación”, que se consigue mediante ejercicios de respiración que pueden acompañarse de técnicas de visualización. En ese estado, las señales que corazón y mente envían a los órganos (y a nuestra microbiota), son las más adecuadas para hacer frente a cualquier situación que pudiera generar una disfunción de nuestro organismo.

Además, nuestros pensamientos afectan a nuestro sistema inmune, que no es un ejército dispuesto a destruir todo aquello que se le ponga por delante, como a menudo nos lo hacen ver,  sino que más bien, lo podemos definir como un conjunto de células especializadas que se encargan de discernir entre aquello que puede ser útil para nuestro crecimiento y desarrollo. Y si detecta que alguna célula no funciona adecuadamente para este cometido o encuentra algún agente externo que no lo reconoce como útil para nosotros, se encarga de eliminarlo. Pero eso sólo puede hacerlo adecuadamente si ese cuerpo está en armonía. En el momento que se pierde la Coherencia Cardíaca, el cuerpo podría, por un lado, crear células alteradas que entonces el sistema inmune reconocería como inadecuadas y que intentaría destruir (lo que se conoce como “enfermedades autoinmunes”) y por otro lado, el sistema inmune se vería también debilitado en su funcionamiento, con lo que tendríamos el “caldo de cultivo” perfecto para la aparición de múltiples enfermedades.

En relación a la forma de entrar en un estado de Coherencia Cardíaca, hay una forma de respiración, la 4-7-8: Inspirar 4 segundos, retener 7 y exhalar 8. Siempre que podamos, debemos intentar recordar respirar de esta manera, que es la que he visto que tiene mejores resultados cuando hago este test a mis pacientes (para pedir consulta, entra en mi web wwwlabacteriafeliz.com).

Los intestinos

En los intestinos es donde se encuentra concentrado en mayor número nuestra microbiota, que en este caso denominamos microbiota intestinal (lo que antes se denominaba “flora intestinal” pero que al ser algo que es móvil, no como los vegetales, es un término que ya no se utiliza).

Los intestinos se dividen en intestino delgado e intestino grueso. El primero tiene unos 7 metros y es donde se absorben los nutrientes una vez digeridos. Y el intestino grueso mide aproximadamente 1,5 metros y es donde quedan los restos de comida no absorbidos en el intestino delgado y que servirán de “manjar” para nuestras amigas las bacterias que allí se encuentran viviendo. Así que, dependiendo de lo que comamos, nuestras amigas trabajarán de una manera o de otra.

La mejor comida que les podemos dar es lo que denominamos los alimentos prebióticos. Un alimento prebiótico, por definición, es un alimento rico en fibras insolubles y no digeribles que sirven de nutriente a la microbiota intestinal, y que podemos dividir en 3 grandes grupos:

  • Alimentos ricos en fibra soluble
  • Alimentos ricos en polifenoles
  • Grasas saludables

Alimentos ricos en fibra soluble

Las microbiota intestinal fermenta la fibra alimentaria transformándola en AGCC (o Ácidos Grasos de Cadena Corta), como el butirato, el propionato y el acetato, por lo que sería recomendable proveernos especialmente de aquellas fibras que realmente son fermentables por nuestra microbiota.

Los alimentos con una mejor actividad prebiótica debido a su riqueza en un tipo de fibra denominado inulina son:  ajos, cebolla, puerros, espárragos, alcachofas, plátanos, diente de león, achicoria y agave (si no estamos acostumbrados a comer estos alimentos, debemos introducirlos poco a poco ya que podrían provocarnos flatulencias al principio).

Además, los alimentos ricos en almidón como las patatas, el boniato, las judías blancas, la tapioca  y el arroz, si se hierven primero y se dejan enfriar después, transforman su almidón químicamente en almidón resistente tipo 3 no digerible por las enzimas de nuestro sistema digestivo, convirtiéndolo en un exquisito ágape para nuestras amigas las bacterias.

Otro tipo de fibras son las pectinas, que se encuentran en las paredes celulares de las plantas y en las pieles de las frutas como el kiwi, las uvas, el pomelo, el plátano, la naranja, el limón, las cerezas, las manzanas y las peras que son la principal fuente de este tipo de fibras, así como la zanahoria y la calabaza.

Alimentos ricos en polifenoles

Los polifenoles son compuestos que fermentan gracias a la acción de las bacterias que habitan en nuestro sistema digestivo, creando metabolitos que pueden ser beneficiosos, por ejemplo, por su actividad antioxidante o favoreciendo la biodiversidad bacteriana e inhibiendo bacterias patógenas.

Estos los podemos encontrar en:

  • Legumbres como lentejas, judías, guisantes y soja.
  • En cereales integrales y especialmente en el trigo sarraceno (este se considera un pseudocereal).
  • Cacao, yerba mate, té y vino tinto, aunque este último no lo aconsejo dado que por su contenido alcohólico que podría afectar negativamente a nuestra microbiota intestinal.
  • Tomate, cebolla, ajos, pimientos rojos, remolacha y berenjena.
  • Y, por último, muy recomendables especialmente los frutos rojos por su alto contenido en polifenoles: moras, arándanos, cerezas, fresas, frambuesas, grosellero rojo y negro, uva negra, saúco, ciruela roja.

Grasas saludables

Las grasas, históricamente, han tenido muy mala fama. Pero estas son de vital importancia para la salud, sobre todo si hablamos de grasas provenientes del pescado y las de origen vegetal.

En este sentido, y en referencia a la salud de nuestra microbiota, son especialmente importantes los ácidos grasos omega 3, omega 6 y omega 9. Los dos primeras son un tipo de grasas que nuestro cuerpo no puede producir y debe conseguir a través de la dieta.

  • Ácidos grasos omega 3: ácido graso poliinsaturado muy valioso porque es un componente indispensable para formación de las membranas celulares. Tiene relevante importancia para nuestro cerebro, nuestro sistema inmunitario y sistema endocrino. Se encuentran especialmente en pescado y mariscos, principalmente pescados grasos de agua fría, como salmón, caballa, atún, arenques, jurel y sardinas. Aunque, dentro de éstos, recomendamos el pescado de pequeño tamaño por su menor contenido en contaminantes. También en frutos secos y semillas, destacando las semillas de linaza, de chia y nueces negras y en los aceites de plantas como la linaza, la soja y la colza.
  • Ácidos grasos omega 6: el omega 6 es otro ácido graso poliinsaturado. Entre los beneficios del omega 6se suelen mencionar el síndrome premenstrual, también mejora los casos de piel atópica, eczemas, osteoporosis y problemas circulatorios. Los podemos encontrar en los aceites de borraja, de onagra y otros aceites vegetales, pero necesitan ser ingeridos conjuntamente con los omega 3 para acumularse en las membranas celulares.
  • Ácidos grasos omega 9 (ácido oleico): Se trata de ácidos grasos monoinsaturados, En este caso no se trata de un aceite esencial porque el cuerpo sí es capaz de sintetizarlo. Es muy conocido porque ayuda en el mecanismo de eliminación de grasas, aumenta el colesterol bueno HDL y retrasa el proceso de envejecimiento entre otros beneficios.
    Lo encontramos en las aceitunas, aguacate, frutos secos y aceites de semillas, pero principalmente en nuestra dieta lo ligamos al aceite de oliva, siendo la fuente directa más rica de este ácido.

Cuando nuestra dieta es rica en prebióticos, los efectos demostrados son:

  • Estimulan e incrementan el sistema inmune
  • Normalizan nuestro tracto gastrointestinal, ayudando a prevenir diarreas y estreñimientos, incluso con la toma de antibióticos.
  • Parece ser que mejoran los síntomas de colon irritable.
  • El AGCC butirato tiene demostradas propiedades antiinflamatorias, útil en todo tipo de dolencias, en especial los procesos cancerígenos.
  • Reducen las infecciones
  • Favorecen la absorción de minerales esenciales.
  • Son esenciales para el cuidado de los huesos, dado que facilitan la absorción del calcio previniendo o mejorando la osteoporosis.
  • Ayuda a la pérdida de peso disminuyendo así problemas de obesidad por la sensación de saciedad que produce la fibra.
  • Protegen de padecer enfermedades cardiovasculares
  • Ayudan a la producción de vitaminas, sobre todo la vitamina K y vitaminas del grupo B.

Por otro lado, para ayudar a que las bacterias intestinales trabajen mejor, podemos darle a nuestro cuerpo lo que denominamos alimentos probióticos[6], o sea, aquellos alimentos ricos en bacterias beneficiosas para nuestro organismo que ayudarán a las que ya tenemos de manera natural. Los alimentos probióticos más habituales son el yogur, el chucrut, el kéfir de leche y de agua, el miso, el tempeh, el kimchi. Y hoy en día, cada vez más empresas están desarrollando productos ricos en bacterias beneficiosas específicas para determinadas dolencias.

Y como última recomendación, para la salud de nuestras pequeñas amigas las bacterias, es muy importante el movimiento en forma de ejercicio físico. Esto mejora la actividad del sistema inmune y modifica positivamente el microbioma[7].

Para finalizar, debo insistir en que, sobre todo, sobre todo, por mucho que ingiramos alimentos probióticos y prebióticos, si nuestros pensamientos y nuestras emociones no están equilibrados, todo esto servirá de bien poco o nada.


Recuerda que si no te quieres perder ninguno de los diferentes eventos, artículo, charlas o cursos que pueda ir haciendo y publicando en este blog, no olvides darle clic AQUÍ.

Y si te viste obligado u obligada a inocularte y temes a los posibles efectos secundarios que esta nueva medicación pueda provocarte, ponte en contacto con nosotros clicando AQUÍ.

[1] Sieber-Blum M. Cardiac neural crest stem cells. Anat Rec A Discov Mol Cell Evol Biol. 2004 Jan;276(1):34-42. doi: 10.1002/ar.a.10132. PMID: 14699632.

[2] Murillo-Rincon, A.P., Klimovich, A., Pemöller, E. et al. Spontaneous body contractions are modulated by the microbiome of Hydra . Sci Rep 7, 15937 (2017). https://doi.org/10.1038/s41598-017-16191-x

[3] Erica J, et al. Migration and diversification of the vagal neural crest. Development biology.  Volume 444, Supplement 1, 1 December 2018, Pages S98-S109

[4] En www.labacteriafeliz. Como, en el aprtado de VÍDEOS, VÍDEOS NUTRICIÓN, puedes ver las funciones del sodio, además del resto de electrolitos de nuestro cuerpo.

[5] Puedes encontrar más información y bibliograía relacionada en mi primer libro ¡HAZ FELICES A TUS BACTERIAS!.

[6] Probiótico: la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación) lo define como “microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas confieren un beneficio para la salud del huésped”.

[7] Jack C. Yu, Vanessa L. Hale 2, Hesam Khodadadi Babak Baban Whole Body Vibration-Induced Omental Macrophage Polarization and Fecal Microbiome Modification in a Murine Model Int. J. Mol. Sci. 2019, 20(13), 3125; https://doi.org/10.3390/ijms20133125