ENAMORA A TUS BACTERIAS…..Y OLVÍDATE DEL «CONTAGIO»

Por San Valentín, piensa en tus bacterias. A ellas les debes la vida, y con ellas estarás siempre hasta el fin de tus días, y según como las trates, ellas te tratarán a ti.

Del origen de las bacterias y de su importancia para nuestro bienestar lo explico en mi libro, ¡HAZ FELICES A TUS BACTERIAS! Un relato para el bienestar y una larga vida, que si aún no tienes, puedes comprar clicando AQUÍ.

Pero hoy quiero centrarme en la falsa idea de que las bacterias causan «enfermedades». Y es que pensar de esa manera, sería como creer que los bomberos son los responsables del fuego que están intentando sofocar porque los encontramos allí desplazados. Y, es que, como, los bomberos, las bacterias nos ayudan a «apagar fuegos» en esos lugares que están en proceso de degradación, limpiando esa zona.

Pero, ¿de dónde viene esa idea de que las bacterias provocan enfermedades?

Todo se debe a los descubrimientos del médico húngaro Ignaz Semmelweis, quien se dio cuenta que, simplemente con el lavado de manos, se podía reducir la muerte puerperal del 10-35% a un número inferior al 1% cuando trabajaba en el Hospital General de Viena.

A pesar de que entonces al Dr. Semmelweis no se le hizo mucho caso y se le llegó a tildar de «loco» por sus propios compañeros muriendo en un psiquiátrico, años después se aplicó lo que él descubrió mediante la utilización de técnicas de asepsia en todos los entornos sanitarios.

Entonces, si que es cierto que las bacterias son peligrosas

Es una verdad a medias. Lo que ocurre es que ellas, como seres vivos que son, se adaptan a su entorno. Si están en un ambiente adecuado, ellas no necesitan ser agresivas, pero si su entorno cambia, ellas, para adaptarse, pueden volverse más agresivas. Piensa en una buena persona, la mejor persona que conozcas: ¿no crees que si la insultaras y pegaras acabaría intentando defenderse? Pues nuestras amigas las bacterias igual.

Ellas tienen una misión muy clara: HACER PROLIFERAR LA VIDA EN ESTE PLANETA.

Y cuando una persona muere, las bacterias que viven en su interior, se transforman para degradar ese cadáver. Así, unas bacterias que vivían en harmonía en un cuerpo vivo, al morir, ese entorno en el que vivían, cambia, y ellas se adaptan, transformándose en bacterias «comedoras» de carne humana para degradarla y hacer desaparecer de la tierra a ese cadáver ayudando así al ecosistema terrestre. ¡Imagina que podría pasar si las bacterias no hicieran eso!

Sigue imaginando: tienes un médico que está haciendo una disección a un cuerpo muerto, y llena sus manos de bacterias que se han transformado y especializado en comer carne humana. Y ese médico, sin lavarse y quitarse esas bacterias de encima, va a tratar una mujer que acaba de dar a luz, entrando en contacto con partes desgarradas de la mujer parturienta. Entonces, las bacterias, transportadas por las manos del cirujano, llegan a ese cuerpo, y como se especializaron en destruir carne humana, empiezan a secretar sustancias tóxicas con ese fin a la sangre de la pobre mujer recién parida que pondrá en grave riesgo la vida a esa persona provocando la antes mencionada fiebre puerperal.

Y con el resto de «enfermedades infecciosas» ocurre lo mismo. Todas ellas vienen provocadas por cambios en el interior del cuerpo que alteran la normal acción bacteriana.  Estos cambios pueden venir provocados por desnutrición, intoxicación del cuerpo de sustancias como aditivos alimentarios, metales pesados y frecuencias electromagnéticas (tal y como ha ocurrido en la COVID-19 y que puedes consultar en este estudio)  o por estados emocionales intensos mantenidos en el tiempo.

¿Y el contagio entonces? ¿No lo provocan las bacterias (y virus)?

Si entendiste lo que te expliqué en el punto anterior, te darás cuenta que lo que se «contagia» son las condiciones específicas en la que la persona se encuentra: observa como en épocas de hambruna, miedo, cambios sociales, desnutrición y malas condiciones higiénicas es cuando se producen y produjeron las grandes epidemias en el mundo.

Excelente explicación de Ana María Oliva,  doctora en Biomedicina, sobre el auténtico origen del «contagio»

Y si, la higiene es importante, pero NO EN EXCESO. Lo que ocurre con un exceso de suciedad, es que se genera un ambiente de humedad, calor, falta de aire, etcétera que provoca que se desarrollen bacterias que secretan sustancias que pueden ser nocivas para nuestro bienestar, pero si tenemos espacios razonablemente limpios y bien aireados, ¡OLVÍDATE DE PRODUCTOS BACTERICIDAS Y OTRAS SUSTANCIAS EXTREMADAMENTE TÓXICAS PARA NUESTRO ORGANISMO!

Y lo mismo ocurre con una excesiva higiene de manos y del cuerpo: necesitamos bien «despiertas» a nuestras pequeñas amigas, y estar enjabonándonos, o lo que es peor, estar alcoholizando nuestra piel con geles hidroalcohólicos, lo único que hace es poner en serio peligro nuestra salud, ya que eliminamos un importantísimo número de bacterias que hacen que perdamos el equilibrio adecuado entre las diferentes familias de bacterias que viven en esa parte del cuerpo, abriendo la puerta a la aparición de cualquier enfermedad dermatológica.

¡Hagamos el amor a nuestras bacterias pues!

Una de las mejores maneras de hacer felices a nuestras incansables compañeras de viaje, es el contacto físico, los besos, las caricias, y por supuesto, hacer el amor tanto como puedas con tu pareja. y si no la tienes, ¡ÁMATE A TI MISM@! Hoy en día, sabemos de la importancia de amar y ser amados. y es que esa sensación se sabe que es muy buena para nuestras bacterias, ya que secretan unas sustancias denominadas neurotransmisores como la dopamina y la serotonina (ver artículo), imprescindibles para sentirnos tranquilos y felices.

¡GRACIAS BACTERIAS! ¡OS QUIERO!

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