meditación

Para entender la importancia de la meditación, antes hemos de comenzar a conocer nuestro sistema nervioso, para comprender los profundos cambios que podemos llegar a alcanzar.

MEDITACIÓN Y MICROBIOTA

La mente humana es la única que tiene la capacidad de verse a sí misma, ser consciente de lo que piensa o motiva en un momento dado. Básicamente esto es meditar.

En nuestra rutina nos dejamos llevar. Actuamos de forma automática sin pensar porqué lo hacemos, simplemente nos situamos en la repetición porque nos hace sentir cómodos, ofreciéndonos una satisfacción inmediata, que nos acabará pasando factura.

Esa forma de hacer instintiva domina prácticamente todos los actos de nuestra vida, generando muchos de ellos problemas de salud por sedentarismo, malos hábitos y mala alimentación.

Por eso es tan importante el acto de atención consciente o meditación. En ese momento podemos ver qué es lo que nos mueve a hacer según qué actos y por tanto poder elegir, en lugar de dejarnos llevar.

En resumen, ¿cómo puede ayudarnos la práctica de la meditación, atención consciente o mindfulness?:
  • Respondiendo positivamente y no reaccionando al stress.
  • Reeducando nuestros hábitos.
  • Regulando nuestras emociones, tomando conciencia de las necesidades de cambio.
  • Cambiando la mirada cuidando nuestra alimentación.
Entonces, podríamos afirmar que la meditación es lo único que nos desliga de la predestinación y por tanto nos hace libres. Ver este interesante artículo del Catedrático de Medicina en la Universidad de Massachusetts Dr. Jon Kabat-Zinn.

¿La genética nos predestina?



La mayoría de corrientes filosóficas opinan que tanto las plantas como los animales no tienen libertad de elección o libre albedrío, por tanto, están totalmente predeterminados.

La biología es la ciencia de la vida estudiando la estructura de los seres vivos y sus procesos vitales. Hemos acumulado tanta información sobre las plantas y animales que podemos predecir hasta el año en que se producirá la extinción de una especie.

Pero entonces qué pasa con el ser humano. ¿No nos comportamos igual que los animales? Tenemos una herencia genética que define estatura, color de ojos y pelo, predisposición a enfermedades….y un largo etcétera. A esto le añadimos el clima, costumbres, cultura del país donde nacemos; forma de vida, hábitos y creencias de nuestra familia; la escuela con una enseñanza reglada y las amistades y compañías, similares a nosotros, que refuerzan nuestras creencias y forma de hacer….., entonces, que nos diferencia de los animales. Estamos programados en cierta medida para hacer lo que tenemos que hacer y a eso no se le llama ¡predestinación!. Por tanto ¿estamos condenados a padecer las enfermedades que el destino nos tiene reservadas?.

¿La ciencia que dice al respecto?

Durante más de cuatro siglos se ha creído que “el cerebro es lo que es” y que nada puede cambiarlo, que era prácticamente inmutable y el cerebro que se tiene a los 18 años es el que se tendrá durante toda la vida. Por suerte, en las últimas décadas, se ha comprobado que el cerebro está cambiando continuamente con nuestros pensamientos y experiencias y que tiene la capacidad de cambiarse a sí mismo. Esta propiedad es la neuroplasticidad, que debemos aprovechar para reorganizar nuestro cerebro, y como demuestran los estudios, se puede hacer durante toda la vida.

¿Pero es suficiente con la atención consciente?



Hemos de aprender a dirigir nuestra atención consciente y uno de los objetivos principales es observar nuestra motivación, pues de ésta aparecerán una serie de emociones que pueden ayudarnos a sanar o todo lo contrario. Así, hablaremos de una motivación positiva cuando nos lleve a estados emocionales positivos: serenidad, amor, alegría, etc., o por el contrario a estados emocionales negativos como el enfado, culpa, celos, etc.

Creo que un ejemplo nos ayudará a entenderlo mejor. Si acudimos al gimnasio con la motivación egoísta de ponernos más fuertes y atractivos para poder seducir a otras personas, el resultado seguramente será un estado emocional de frustración porque seguramente no conseguiremos lo que esperábamos. Sin embargo, si vamos al gimnasio con la motivación de estar sanos para poder ayudar o simplemente para no ser una carga para los demás, nuestro estado emocional será mucho mejor.

Nuestro sistema nervioso



Nuestro sistema nervioso se divide en somático (de control voluntario) y vegetativo (ajeno al control voluntario).

El sistema vegetativo, que es el que nos interesa para este tema, se divide a su vez en: simpático (pone al cuerpo en alerta), parasimpático (reduce funciones induciendo a la relajación) y entérico (fibras nerviosas vegetativas y ganglios. Aquí se incluye el sistema nervioso de nuestra pared intestinal que funciona con total independencia del sistema nervioso central -cerebro y médula espinal-).


Interesante vídeo que solo te llevará 5 minutos, donde se explica cómo las bacterias intestinales son las que transforman en última instancia la comida en alimento y nutrientes. Incluso tenemos bacterias que combaten los tóxicos que ingerimos.

Nuestro sistema nervioso en el intestino, como hemos visto en el sistema entérico, es autónomo y además de regular nuestro sistema inmunológico también lo hace con nuestros estados emocionales (ansiedad, tristeza, etc).

El vientre y el cerebro se comunican constantemente. La primera vía de comunicación es el nervio vago. La segunda vía es la sangre. Las moléculas del intestino, los neurotransmisores, caminan por vía sanguinea hasta las diferentes zonas de nuestro cerebro (ver sistema neuroendrocrino).

Para tener un buen cerebro en la cabeza, necesitamos un buen cerebro en el vientre. Los dos están íntimamente relacionados. Los mensajes que emiten funcionan en ambas direcciones, pero lo impresionante es que el 80% de estos mensajes se producen desde el vientre hacia el cerebro de la cabeza.
Nunca es tarde para aprender y poder experimentar una mayor sensación de control sobre nuestras vidas y sobre nuestras decisiones. Con la práctica de la meditación o el mindfulness tenemos la gran oportunidad de poder manejar los estados mentales negativos que perjudican nuestra salud.

¿Cómo afecta el estrés a nuestro intestino?



En primer lugar veamos una definición del estrés en biología: Conjunto de alteraciones que se producen en el organismo como respuesta física ante determinados estímulos repetidos, como por ejemplo el frío, el miedo, la alegría, etc.

Por tanto hemos de diferenciar entre el estrés positivo o eustrés que es una sensación adaptativa de estímulo y motivación para afrontar retos y que puede llevarnos a experimentar emociones agradables. Generalmente relacionado con la creatividad, la imaginación y el talento.

Y el estrés negativo o distrés, que son aquellas situaciones en que nos exigimos un exceso de esfuerzo en relación a la tarea a realizar y va acompañado siempre de un desorden fisiológico.

El distrés provoca una respuesta de lucha o huída, lo que estimula una liberación de corticotropina y de catecolaminas en varias partes del cuerpo producidas por la hipófisis y las glándulas suprarrenales que perturban la microbiota. Esta alteración de la población microbiana altera la función de barrera intestinal afectando la regulación de neurotransmisores (para ver el informe de investigación clica aquí).

Conclusión: ¿Cómo actúa la meditación en nuestra microbiota?



La meditación ayuda a regular la respuesta al estrés, suprimiendo así los estados de inflamación crónica y manteniendo la función saludable de la barrera intestinal. Una microbiota sana produce ácidos grasos de cadena corta que ejercen de antiinflamatorio y con efectos antitumorales.

Os animamos a visualizar el PowerPoint Online de la Doctora Marta Lacoste pinchando aquí, donde se explica esta íntima relación existente entre la meditación o Mindfulness y la microbiota intestinal.
Publicado en ARTÍCULOS, salud.

2 Comentarios

  1. Gracias por este maravilloso y completisimo articulo!!
    Mil gracias por tu trabajo de sintesis y por integrar tanto conocimiento!!!!

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